Archivos Mensuales: julio 2011

Las relaciones sociales son importantes para la felicidad

Esa conclusión es una de las que puede extraerse de este artículo de El País donde se analizan los resultados de un estudio sobre la felicidad deniminado ‘La felicidad y la percepción de la salud’ y realizado por el Instituto Coca Cola de la Felicidad y la la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. En él se analizan varios aspectos de la felicidad y su relación con la salud y se obtienen conclusiones que relacionan esos estados con diferentes aspectos del capital social, fundamentalmente con las redes sociales. Así se afirma que las redes sociales son muy importantes para la sensación subjetiva de salud:

La sensación de salud, según la investigación, está relacionada con la felicidad y ésta, con los afectos. “Un aspecto muy relevante es la influencia de la familia y los amigos en el proceso ya que, los que se sienten acompañados, se sienten más saludables que los que tienen menos apoyo”…

También se deja claro que el dinero no da la felicidad, aunque puede ayudar:

En 2010, España fue el país más feliz de Europa, después de Rumanía. Los investigadores recuerdan ese dato para demostrar el viejo tópico que sostiene que el dinero no hace la felicidad. “No hay necesariamente relación entre las condiciones materiales de vida y la felicidad”, sentencia Grabulosa. “Creo que la felicidad de una sociedad depende en parte de la capacidad que tenga de generar flujos entre las personas”, insiste.

Como conclusiones nos dice:

El informe establece una cadena de conclusiones: Las relaciones sociales nos hacen más optimistas, el optimismo nos hace sentir más felices y la felicidad nos hace sentir más saludables. Grabulosa, sin embargo, advierte: “No se puede decir; evite usted la gripe siendo feliz”.

Por tanto, reforzar las redes sociales de una persona contribuye a aumentar su felicidad.

 

¿Cómo crear confianza?

A lo largo de varios artículos de este blog se ha hablado de que una de los factores que nos ayudarían a salir de la crisis es la confianza. El problema es: ¿cómo se crea esa confianza?. Esta entrada no pretende dar recetas mágicas, porque no existen, sino, desde mi humilde punto de vista intentar aportar algo sobre esa creación de confianza, tanto a corto como a largo plazo.

Tanto la banca como los políticos o los economistas afirman que de la crisis se sale con confianza y austeridad. Son dos palabras que suenan muy bien y que parecen recetas mágicas. Pero no existen esas recetas mágicas sino medidas y reformas que ayuden a la ciudadanía a confiar en sus instituciones y en sus dirigentes.

Desde luego, no se logra confianza en los tiempos en los que estamos tomando medidas como esta: http://www.publico.es/dinero/386239/la-promesa-de-austeridad-no-impide-que-los-alcaldes-suban-los-sueldos. Mucho hablar de austeridad, de que no hay dinero y las primeras medidas que se toman es subirse el sueldo. Sin tener nada en contra de que los políticos estén bien pagados, de hecho, si queremos a los mejores gestores deberían tener sueldos atrayentes para hacer bien su trabajo, pero la realidad nos indica justamente lo contrario, existen pocos políticos que sean buenos gestores (a la vista de las deudas de municipios y comunidades autónomas). Tampoco se logra confianza teniendo a políticos imputados por casos de corrupción en las listas electorales y en los organigramas de los propios partidos. Estando a favor de la presunción de inocencia a la que todo el mundo tiene derecho, creo que los ciudadanos empiezan a estar algo hartos de que exista tanta corrupción y con la sensación de que en gran parte de los casos quede impune.

Por tanto, para restablecer la confianza, a un corto-medio plazo, se necesita, en primer lugar, un sistema judicial eficaz donde los ciudadanos sean tratados todos de igual forma. En segundo lugar se necesita una regeneración de los partidos políticos y de los propios políticos (cosa que parece harto complicada puesto que parece que viven en un mundo paralelo al del resto de la ciudadanía). En tercer lugar, se necesita más transparencia en los diferentes organismos que nos dirigen, desde datos de cuánto nos cuesta hasta detallar lo que se hace con “nuestro” dinero. En cuarto lugar se necesita estabilidad, política y económica, con medidas claras y objetivos definidos, teniendo claro cuál es el modelo de gestión, aplicando las reformas que realmente sean necesarias y realizando inversiones productivas. En quinto lugar podría pedirse que nuestros dirigentes escuchasen algunas medidas que los ciudadanos estamos pidiendo y que pueden servir para mejorar esa confianza (cuestiones como poner límites a los sueldos de los alcaldes en función de la población que gobiernan, la posibilidad de listas electorales abiertas, actuar con firmeza contra la corrupción, etc.). Aplicando estas medidas, que no parecen demasiado complejas, pero que necesitan voluntad clara, poco a poco los ciudadanos irían recuperando la confianza en las instituciones y se tendría dado un paso muy importante para fortalecer al país.

A un medio-largo plazo la confianza se genera invirtiendo en educación, pero realizando inversiones que contribuyan a la mejora real del sistema educativo y no simples maquillajes más efectistas que efectivos. También se genera invirtiendo en políticas sociales que ayuden a redistribuir mejor los ingresos, que ayuden al que realmente lo necesita, pero también invirtiendo en políticas que ayuden a controlar el fraude en los diferentes mecanismos que funcionan o se pongan en marcha. Invertir en I+D o ayudar a los emprendedores es otra de las formas mediante las cuales se va a generar confianza a medio-largo plazo.

¿Cómo vamos a salir de la crisis? No hay confianza (o la corrupción: ¡ese gran problema!) (Encuesta del CIS Barómetro Junio 2011)

La encuesta del CIS lo deja claro: más del 85% de los españoles creen que la corrupción en nuestro país está muy o bastante extendida y apenas se refleja diferencia entre instituciones, sean locales, autonómicas o de la administración central (todas con valores por encima del 70% de corrupción percibida).

Los sectores que se perciben más corruptos son la construcción, la concesión de obras públicas y la concesión de subvenciones (alrededor del 80%). La educación y la sanidad son sectores donde se percibe una menor corrupción. Por colectivos son los políticos donde más corrupción se percibe, seguido de los empresarios y los jueces. Los ciudadanos creen que deben ser los gobiernos los que pongan freno a esa corrupción junto con el sistema judicial.

Preguntando a los ciudadanos cuál es el principal problema que existe actualmente en España la corrupción ocupa un quinto lugar tras el paro, los problemas de índole económica, la clase política y los partidos políticos. Por tanto, la corrupción supone uno de los principales problemas en España y más del 60% de los ciudadanos consideran que se es mucho y bastante tolerante con la corrupción. En cambio, con respecto al grado de cumplimento de las leyes (otra de las dimensiones del capital social: las normas sociales) casi el 55% de los encuestados consideran que se cumplen poco o nada.

Si hay percepción de corrupción es difícil confiar en las instituciones y si no se confía en las instituciones y aquellos que las dirigen es difícil generar confianza interpersonal.

Estudios recientes han demostrado la importancia del capital social y, fundamentalmente, de uno de sus componentes, la confianza, en el crecimiento y en el desarrollo económico. Es importante generar confianza en las instituciones para poder afrontar los retos de la crisis que padecemos y difícilmente se puede generar esa confianza si los ciudadanos perciben esas instituciones como redes de clientelismo y poco fiables. Además, la corrupción es un factor asumido por la sociedad como algo casi inevitable (más de un 50% de personas cree que forma parte de la naturaleza humana) y que está consentida (más de un 85% cree que existe porque está permitida por la administración y no la persigue lo suficiente). Para controlarla se aboga por poner penas más duras, crear leyes que impidan a los imputados acceder a puestos políticos por elección o mejorar los sistemas de control dentro de la administración. Todas estas acciones deben ser tomadas por los políticos, precisamente el colectivo que se considera más corrupto, por tanto es difícil confiar en que algunas de ellas se adopten.

Sería necesaria una regeneración profunda de la clase política y de las propias actuaciones de los políticos para poder generar la confianza necesaria para reactivar la economía. Es muy difícil emprender nuevos proyectos o atraer inversiones con este clima de desconfianza en el gobierno, las empresas o el sistema judicial, tres pilares fundamentales de cualquier economía desarrollada.

Observamos que fallan dos de los pilares del capital social: la confianza y las normas sociales, y tal como apunta Halpern (2005), si la confianza es poca y además el grado de incumplimiento de las normas es alto y no existen mecanismos correctores (o sancionadores) de este comportamiento, los costes de transacción serán mayores, dificultando las relaciones, tanto económicas como sociales. Sin embargo, si la confianza en las normas es elevada y se producen pocos casos de ruptura de las mismas nos podemos encontrar en una situación de bajos costes de transacción (por la confianza emanada de unas normas establecidas) y una mejora de la eficiencia económica.

Así pues, hay que poner en marcha actuaciones para frenar esa corrupción, generar confianza y hacer cumplir las normas para tratar de cambiar la percepción de que la corrupción es algo inevitable. Se trata, pues, de invertir en capital social como una medida más que puede contribuir a ayudarnos a salir de la crisis económica.