¿Cómo vamos a salir de la crisis? No hay confianza (o la corrupción: ¡ese gran problema!) (Encuesta del CIS Barómetro Junio 2011)

La encuesta del CIS lo deja claro: más del 85% de los españoles creen que la corrupción en nuestro país está muy o bastante extendida y apenas se refleja diferencia entre instituciones, sean locales, autonómicas o de la administración central (todas con valores por encima del 70% de corrupción percibida).

Los sectores que se perciben más corruptos son la construcción, la concesión de obras públicas y la concesión de subvenciones (alrededor del 80%). La educación y la sanidad son sectores donde se percibe una menor corrupción. Por colectivos son los políticos donde más corrupción se percibe, seguido de los empresarios y los jueces. Los ciudadanos creen que deben ser los gobiernos los que pongan freno a esa corrupción junto con el sistema judicial.

Preguntando a los ciudadanos cuál es el principal problema que existe actualmente en España la corrupción ocupa un quinto lugar tras el paro, los problemas de índole económica, la clase política y los partidos políticos. Por tanto, la corrupción supone uno de los principales problemas en España y más del 60% de los ciudadanos consideran que se es mucho y bastante tolerante con la corrupción. En cambio, con respecto al grado de cumplimento de las leyes (otra de las dimensiones del capital social: las normas sociales) casi el 55% de los encuestados consideran que se cumplen poco o nada.

Si hay percepción de corrupción es difícil confiar en las instituciones y si no se confía en las instituciones y aquellos que las dirigen es difícil generar confianza interpersonal.

Estudios recientes han demostrado la importancia del capital social y, fundamentalmente, de uno de sus componentes, la confianza, en el crecimiento y en el desarrollo económico. Es importante generar confianza en las instituciones para poder afrontar los retos de la crisis que padecemos y difícilmente se puede generar esa confianza si los ciudadanos perciben esas instituciones como redes de clientelismo y poco fiables. Además, la corrupción es un factor asumido por la sociedad como algo casi inevitable (más de un 50% de personas cree que forma parte de la naturaleza humana) y que está consentida (más de un 85% cree que existe porque está permitida por la administración y no la persigue lo suficiente). Para controlarla se aboga por poner penas más duras, crear leyes que impidan a los imputados acceder a puestos políticos por elección o mejorar los sistemas de control dentro de la administración. Todas estas acciones deben ser tomadas por los políticos, precisamente el colectivo que se considera más corrupto, por tanto es difícil confiar en que algunas de ellas se adopten.

Sería necesaria una regeneración profunda de la clase política y de las propias actuaciones de los políticos para poder generar la confianza necesaria para reactivar la economía. Es muy difícil emprender nuevos proyectos o atraer inversiones con este clima de desconfianza en el gobierno, las empresas o el sistema judicial, tres pilares fundamentales de cualquier economía desarrollada.

Observamos que fallan dos de los pilares del capital social: la confianza y las normas sociales, y tal como apunta Halpern (2005), si la confianza es poca y además el grado de incumplimiento de las normas es alto y no existen mecanismos correctores (o sancionadores) de este comportamiento, los costes de transacción serán mayores, dificultando las relaciones, tanto económicas como sociales. Sin embargo, si la confianza en las normas es elevada y se producen pocos casos de ruptura de las mismas nos podemos encontrar en una situación de bajos costes de transacción (por la confianza emanada de unas normas establecidas) y una mejora de la eficiencia económica.

Así pues, hay que poner en marcha actuaciones para frenar esa corrupción, generar confianza y hacer cumplir las normas para tratar de cambiar la percepción de que la corrupción es algo inevitable. Se trata, pues, de invertir en capital social como una medida más que puede contribuir a ayudarnos a salir de la crisis económica.

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