Archivos Mensuales: diciembre 2011

Redes sociales: Uso de internet

Otro de los indicadores aceptados como factor aproximativo para el capital social es el indicador de redes sociales. Las redes sociales son formas de interacción social, puesto que se fundamentan en las relaciones entre los individuos. Sin la existencia de esas relaciones no podrían existir las redes. Las redes sociales permiten el flujo de información, posibilitan la acción colectiva, son fuente de normas, obligaciones y expectativas para los individuos y se convierten en un medio de integración e implicación de las personas con respecto a un sistema social determinado favoreciendo el equilibrio de dicho sistema.

La tipología de las redes sociales es muy compleja y depende del punto de vista desde el que se aborde. A efectos del capital social las redes sociales pueden ser formales o informales. Las primeras son redes estructuradas en el sentido de que existen normas escritas sobre su funcionamiento, su acceso, etc. (ej. asociaciones deportivas, sindicatos, partidos políticos, etc.); mientras que las segundas carecen de esa oficialidad puesto que surgen sin la necesidad de una estructura formal que las ampare (ej. grupos de amigos, familiares, conocidos, etc.). También se podrían clasificar en redes horizontales y redes verticales. Las primeras se ocupan de las relaciones que se producen en base a condiciones económicas y sociales similares (ej. grupos de amigos, compañeros de trabajo, etc.), mientras que las segundas tratan las relaciones de tipo laboral o con los sectores más formales de la sociedad (relaciones con la autoridad).

Los vínculos son los nexos de unión de esas redes sociales y aquí se podría exponer la clasificación de Granovetter (1973) sobre los mismos distinguiendo entre vínculos fuertes y vínculos débiles de la forma en la que han sido definidos anteriormente. Otra tipología dentro de los vínculos nos permite hablar de vínculos formales, establecidos mediante relaciones de autoridad, y vínculos informales, que se establecen por iniciativa de las personas, sin necesidad de esas relaciones de autoridad (Tsai, 2002). También se podría hablar de vínculos directos que son aquellos que se establecen contactando directamente con otros individuos y de vínculos indirectos a los cuales se accede a través de esos individuos con los que nos relacionamos de forma directa (Burt, 1992). Sigue leyendo

Confianza en el Parlamento nacional y en los políticos (nuevos datos de la ESS)

En esta entrada presentamos los nuevos datos de la Encuesta Social Europea (ESS) sobre la confianza política de los ciudadanos de varios países europeos. Para medir esta confianza emplearemos, como en la entrada anterior, el porcentaje de personas que afirman confiar (agrupando los valores entre 6 y 10, de una escala de 0 a 10) y el valor medio obtenido para cada tipo de confianza.
Comenzamos con la confianza en el Parlamento Nacional. Una vez más se observa que no existe una tendencia unánime en la evolución de esta variable en los países analizados, aunque son mayoría en los que esta confianza decrece entre 2008 y 2010. La mayor caída, tanto en porcentaje como en la media, se produce en Eslovenia, cuyos valores, además, son los segundos más bajos en este tipo de confianza, tras Portugal que presenta valores inferiores al 13% de confianza y una media con un valor inferior a 3 y reduciéndose entre 2008 y 2010. También se reduce la confianza en Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Suiza y Bélgica. En estos tres últimos países las caídas son inferiores a 2 puntos (en el porcentaje) y menores de 0,2 en la media, es decir, casi inapreciables. Las mayores subidas se producen en Suecia y Noruega. También aumenta la confianza en el parlamento en Estonia y Polonia.
El análisis de España nos muestra que es uno de los países con una confianza media en los políticos, pero menor del 30% en 2010 con un valor medio de 4,29 (por debajo del aprobado). Además se observa que ha sido de las que más ha bajado con casi un punto en la media y más de 12 puntos en el porcentaje.

Fuente: ESS (2006, 2008, 2010)

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¿Haciendo el tonto?

¿Estoy haciendo el tonto?
Pensándolo fríamente creo que sí.
Me explico. Me gusta investigar y dar clases, pero el tema está complicado en estos momentos y mi currículum no es especialmente brillante (pero creo que sí es aceptable para alguien que no se dedica a la investigación de forma profesional y a tiempo completo, aunque esto tampoco se valore) y esto es un círculo vicioso, si no tienes docencia no puedes mejorar y si no mejoras no llegas a poder optar a docencia. Así que en ese círculo nos movemos. En la actualidad sólo hago una de esas cosas (investigación) y en mi “tiempo libre”.
Sin embargo, empiezo a pensar si ese esfuerzo ha valido o vale la pena. Tal y como están las cosas en la actualidad no parece ser el mejor momento para optar por esa vía (y no hay esperanzas de mejora a corto plazo). Si bien es cierto que hay gente que me apoya y me valora. Pero solamente con eso llega un momento que piensas ¿estoy haciendo el tonto? Es decir, estoy produciendo un trabajo que, más allá de un pequeño círculo, no se valor. Estoy usando mi tiempo en actividades que me gustan, pero a las que no les veo rentabilidad. Así que sí, pensándolo fríamente estoy haciendo el tonto.
Lo más probable es que si yo dejase de hacer lo que hago nadie se daría cuenta, sería uno más de los muchos investigadores que abandonan. El “problema” es que me gusta la investigación, pero el “problema” es que no veo futuro, y menos en este país (aquí me ahorro explicaciones porque suelo enfadarme bastante con este tema).
En fin, será que hoy tengo el día tonto, pero el problema es que cada vez tengo más días tontos y cada vez me replanteo más si valgo para esto o si alguien aprecia mi trabajo.
¿Qué hacer?
Pues no lo sé.